Ahora que ya iniciaron los nuevos gobiernos subnacionales, conviene insistir en la reflexión sobre la novedad política más sobresaliente en Colombia: el triunfo de Carlos Caicedo en la gobernación del Magdalena. Su triunfo evidencia la ruptura de estructuras políticas que tienen un carácter no solo decimonónico, sino que además hunden sus raíces en prácticas eminentemente coloniales que permitieron a un puñado de familias, descendientes y herederas de los pergaminos de corona española, ostentar el poder local durante siglos. En una primera entrada decía que la explicación más contundente era que la gente se cansó y que vió en Caicedo una esperanza y la posibilidad concreta de cambio. Que los amarres clientelares de esa vieja clase política se desgastaron, que no supieron adaptarse a los cambios que el sistema político ha venido padeciendo, que el caicedismo recogió el buen ejemplo de su administración en Santa Marta y que los egresados de la Universidad del Magdalena oriundos de...
De política y otros demonios...