Gustavo Petro lleva cuatro meses en el poder y cada día va creciendo esa crítica punzante y seductora de que este nuevo gobierno está reproduciendo las mismas viejas prácticas políticas de antaño: las roscas, el amiguismo, el méteme en la piña , el estoy en la pomada, el consígueme un puesto ahí , etc., en resumen: clientelismo. Y no creo que sea una crítica infundada. Solo basta ver algunos nombramientos en las embajadas y consulados, en donde se están nombrando no solo a los políticos tradicionales que hicieron campaña con Petro, di tu Armando Benedetti o Mauricio Lizcano, sino a otrora uribistas y ahora conversos como Juan Manuel Corzo en la embajada de Paraguay. También nombraron a un muchacho sin pregrado, sin preparación y sin experiencia en la embajada de México. La crítica entonces tiene sustento. Hay ejemplos de sobra de que claramente este gobierno nuevo es clientelista. O por lo menos parcial y eventualmente clientelista. Que un presidente sea clientelista no es ninguna no...
De política y otros demonios...