Hace unos días Ingrid Betancourt concurrió a un programa de televisión en la que le preguntaban con quien sí y con quien no haría alianzas para las elecciones presidenciales. Ella, que anda con el embeleco de ser presidenta de un país en el que no vive hace años y que desconoce terriblemente, protagonizó una escena muy pintoresca al responder. Como ella dice que su candidatura se sustenta en la lucha contra la corrupción, empezó a trastabillar, a dudar y a preguntarle a la periodista que si los candidatos que ahí aparecían tenían o no maquinarias.
Betancourt quedó mal. Dice luchar contra la corrupción y las
maquinarias, pero no sabe quién las tiene; hasta dudó de si el Centro Democrático
o si Alex Char tiene maquinarias. Repitió la palabra muchas veces:
maquinaria, maquinaria, maquinaria. Pero…
¿qué es esa vaina de las maquinarias y qué importancia tiene eso en la
política colombiana?
La palabra es muy usada, sobre todo en periodos electorales
(así como la de mermelada). Hace referencia a estructuras organizativas
que tienen la función de conseguir votos y ganar elecciones. Las maquinarias no
son estrictamente partidistas (en el sentido clásico de partido político),
aunque sí hay partidos que las componen; no tienen adscripciones ideológicas y funcionan
más como relaciones de intermediación clientelares que como proceso comunitario
altruista. Las maquinarias son redes que involucran agentes operadores de votos
que garantizan un número determinado de sufragios en las urnas para un
candidato o lista de candidatos. Las maquinarias necesitan aceitarse, engrasarse,
hacerles mantenimiento. Tienen relativa autonomía; pueden ponerse en función de
cualquiera que las alquile. Cuando usted vea un político mediocre y se pregunte
cómo es que la gente le vota, la respuesta es: alquiló maquinarias.
En plata blanca, una maquinaria está compuesta por lideres,
casi siempre líderes comunitarios (presidentes de JAC, por ejemplo) con cierta
respetabilidad y con capacidad de conseguir en su entorno próximo (familia,
amigos, vecinos) uno número determinado de votos (piensen ustedes, 200, tal vez
400). La respetabilidad del líder viene de su habilidad para resolverle problemas
concretos a la gente: la cita médica, un empleo, el sisben, la vacuna, el
subsidio, etc., son tramitadores, se mueven y se ganan la fidelidad del ciudadano.
Esos votos se los pone casi siempre a algún concejal o diputado que, a su vez,
se los ponen a algún alcalde o gobernador. Muchas veces estos líderes comunitarios
se vuelve concejales o ediles y, con ese poder, se convierten en mejores
tramitadores. Esos mismos votos son activados en las elecciones parlamentarias:
los concejales, diputados, alcaldes y gobernadores activan a sus líderes para
que voten por los candidatos a la cámara y, estos últimos, siempre están
apadrinados por un candidato al senado, que pescan votos en todo el país. ¿Con
qué se activan las maquinarias, cuál es el aceite? Con plata, por eso una campaña
cuestan miles de millones.
Las maquinarias no son los partidos, los movimientos
sociales, los procesos comunitarios que se organizan para participar en una
contienda electoral. Son, junto con el clientelismo burocrático (las redes
clientelares de contratistas en las entidades públicas), dos de las formas más
clásicas del clientelismo generalizado del sistema político colombiano, o sea,
dos de las formas más eficaces para ganar elecciones. Por eso mismo la mayoría
de los partidos políticos colombianos son maquinarias, y cuando a un partido tradicional
le va mal en las elecciones es porque perdieron piezas importantes (Piezas=
lideres dueños de los votos) que seguramente se fueron a hacer parte de otro
engranaje.
La otra forma posible para que un político se levante los
votos es a punta de discurso; seduciendo a la gente, convenciendo, con el
famoso voto de opinión, pero muchos jugadores de la política electorera,
de esos que solo piensan en mecánica electoral, dicen que con solo votos de
opinión no se puede ganar una elección. Y que, incluso en una campaña presidencial,
donde el voto de opinión pesa mucho, sin maquinarias es imposible triunfar.
Por eso, aunque muy hipócrita, tiene mucho sentido la
preocupación de Betancourt. Ella, que no hubiera sido nadie en política sin la
poderosa maquinaria del partido liberal que la puso a los 32 años en la Cámara
de Representantes sin ningún proceso previo y solo por el mérito de ser hija de
una senadora y de un exministro, señala efectivamente que las maquinarias son antidemocráticas.
Que si las maquinarias son o no son legales es otra discusión (que espero abordar
en otra entrada). Pero, en tanto artefactos alquilables, las maquinarias están
siempre y cada vez más al vaivén de la plata y así, el que más plata tenga,
mayor son sus posibilidades de ganar.
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