Ir al contenido principal

El Ñoño Elías y la indulgencia selectiva

Hace unos días recibieron al Noño Elias con papayera y carnaval en Sahagún, luego de pagar su condena. El exsenador y gran elector de ese departamento estaba preso porque participó en el entramado de corrupción en el que la empresa brasileña Odebrech fue la gran estructuradora de una red coimas que se extendió por todo el continente y que en Colombia, cómo no, tuvo una gran acogida.

El Ñoño era abrazado, vitoreado, aclamado: amado. Y él, cual reina de belleza, saludaba y mandaba besitos y reía viendo cómo toda esa gente, con camisetas de la selección Colombia, salió a las calles a recibirlo.  

Ante este fenómeno, la mirada cachaca se activó de inmediato. El moralismo y el humor con sorna no esperaron medio segundo y la cascada de comentarios en redes, con mucha unanimidad, giraban entorno a la pregunta ¿por qué reciben con tanto honor y con tanta bullaranga a un político corrupto? La pregunta es totalmente válida e interesante, pero la mirada cachaca, que es la que manda en redes como Twitter, se imponía con respuestas predecibles: “esta es la Colombia estúpida que debemos educar” dijo Gustavo Bolívar, “el recibimiento fue absurdo” dijo Juan Pablo Calvás, “los costeños reciben con alegría a un corrupto” dijo María Jimena Duzán. En fin, una retahíla insoportable con tufo a superioridad.

La respuesta académica que hasta el momento he logrado leer tiene que ver con uno de los temas más tratados en este blog: el clientelismo. La explicación de por qué al Ñoño lo reciben así es porque el tipo logró, a lo largo de su carrera política, una red clientelar constituida por unos clientes altamente fidelizados que, más allá de las desgracias del patrón, siempre estará ahí, fieles y agradecidos. El elemento central entonces de esta explicación tiene que ver con el agradecimiento: más allá de lo que haya hecho o dejado de hacer este individuo, es apreciado porque fue servicial y ayudó a muchos, porque cumplió sus promesas y porque gestionó grandes obras para su pueblo. En otras palabras: porque lo logró estructurar una red clientelar muy eficiente, es decir; un conjunto de relaciones de intermediación en la que intercambiaba recursos públicos por favores personales, los cuales son retribuidos el día de las elecciones, votando por su persona, o votando por quien él indique.

La explicación es sólida, sobre todo si se le incluye otro elemento: las prácticas clientelares en muchas regiones del país son la polea de transmisión entre el Estado y la sociedad, por tanto, aunque estas puedan ser ilegales, no son ilegitimas. Entonces tenemos la ecuación: legitimidad de prácticas clientelares en zonas donde el Estado no cumple su función, más una red clientelar efectiva es igual a: un político corrupto recibido como si fuera un rockstars criollo.

A esta explicación podría oponérsele una más pragmática: uno o varios de los “líderes” que hacen parte de red del Ñoño, siendo muy militantes diligentes, consiguen un montón de gente, algunas de ellas pagas y algunas de ellas motivadas por una promesa de contrato en la alcaldía y le muestran al líder el poder de convocatoria que tienen y los votos que pueden mover el día de las elecciones. El Ñoño, que sabe que su clientela depende del poder de los “líderes”, que son al final los dueños de los votos (los operadores barriales de los votos), observa cuán fuerte es tal o cual líder y sabe con quién establecer las alianzas de cara las elecciones de octubre. Entonces todo es más o menos un teatro; un performance para demostrar fuerza electoral y para congraciarse con el poderoso.

Sin embargo, ninguna de estas explicaciones me convence del todo. Con el Ñoño ocurre algo que no sé cómo describir pero que podríamos llamar indulgencia selectiva y es un fenómeno recurrente en la política costeña, aunque no se circunscribe a esta. Sea por el carisma, sea por su obra, sea por lo que representa su trayectoria, o sea por cualquier otra razón, no habrá pecado suficientemente grande para minar el amor del pueblo por ciertos personajes, por más polémicos que hayan sido. Ante la evidencia, la duda; ante la sentencia, la interpretación y ante el hecho probado, la indulgencia. La frase de un habitante de Sahagún lo resume: “uno tiene derecho a equivocarse, el man se equivocó, pero ajá, cosas de la vida”. Esta indulgencia revela no una ética enferma, sino otras formas de relación entre las clases políticas y los ciudadanos, que estamos en deuda de analizar.

Yo mismo me he descubierto muchas veces rebuscando argumentos para justificar a Diomedes cada vez que un cachaco me viene a hablar mal de El Cacique. Y lo hago porque mi indulgencia con Diomedes es tan perniciosa como el prejuicio del que espera sanción social sin contexto. Por eso mismo, esperar que toda esa recua de mototaxistas en vez de aplaudir chiflase al Ñoño es no solo moralista, sino también desconocedor de cómo operan los afectos en la cultura política de la región. Esperar sanción social porque desde afuera nos parece indignante una situación es básicamente creer que el mundo gira en una sola dirección.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El régimen visual de la serie Cien años de soledad

Ver la serie de Netflix, Cien años de soledad, es someterse irremediablemente a recibir un conjunto de imágenes y sonidos que se instalan con mucho poder en la imaginación de quienes hemos leído la novela de García Márquez. Y me temo que, de tal régimen, porque esas imágenes y sonidos se instalan como régimen, es casi que imposible salir. Esto, así tan contundente, lo digo porque luego de ver la serie cogí el libro y me puse releerlo. Al leer la primera línea “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” encontré que la voz que narraba en mi mente no era la mía, ni mucho menos la voz de García Márquez, sino la voz del narrador malísimo de la serie. Ese narrador, que por ahí leí que fue, además, asesor de actores para el acento costeño, que habla con pereza, que narra sin atisbos de sorpresas, que cuenta semejante historia tan portentosa sin matices y que aburre a más no poder, narraba también en mi cabeza mientras leía la novela. Al ser consciente lo espantaba y entonce...

Los representantes a la cámara en el Magdalena

Faltan menos de dos meses para las elecciones parlamentarias en Colombia. Se escogerán 280 personas que tendrá la tarea principal de debatir y diseñar las leyes de la república y realizar control político a toda la administración del Estado. No es cualquier cosa; se trata de la representación del pueblo, se trata de la democracia misma, por tanto, debemos escoger los mejores. El departamento del Magdalena, como circunscripción territorial, cuenta con cinco representantes a la cámara: ¿quiénes son los actuales representantes de nuestro departamento?, ¿qué han hecho en los últimos cuatro años?, ¿vale la pena volverlos a apoyar? Como ya sabemos, el congreso colombiano está compuesto, en su inmensa mayoría, por políticos profesionales con pocas capacidades intelectuales y técnicas para el cargo, con habilidades extraordinarias para tranzar alianzas que se traduzcan en votos y, algunos, con déficit educacionales que asustan. Y los representantes a la cámara del departamento del Magdalena ...