Un chiste
El día del reinado de miss universo puse el canal que lo
estaba pasando y, cuando vi a la representante de Suráfrica, lo primer que dije
fue “es linda” y a continuación dije “se parece a Will Smith” y solté una
risotada. Días después, ví en twitter un video de la canción de El Príncipe del
Rap y de fondo imágenes de la reina. Y me cagué de la risa.
La primera lectura que se podría hacer de mi burlita con la
reina es que, sin duda, soy un maldito racista. Y si se enteran de que soy fans
de South Park ya es más que claro que, además de vulgar y grotesco, soy un ser
humano horrible que se divierte con chistes crueles sobre grupos y personas
históricamente excluidos. Durante mucho tiempo me he sentido mal por reírme de
chistes racistas, machistas, clasistas; chistes que ridiculizan causas justas y
que, creía sin cuestionar, fortalecen estructuras sociales de exclusión y subordinación.
Me aguantaba la risa o me reía, pero inmediatamente me cuestionaba lo horrible
que era, por ejemplo, divertirme con el capítulo de South Park en donde el gobierno
acuña la palabra ‘anoamantes’ para referirse a las parejas homosexuales.
Pero he venido cambiando de opinión. Creo que no hay humor
correcto y respetuoso: el humor de la actualidad (porque, como dijo El Hombre Caimán,
la gente antes era güevona y se reía de pendejadas) es la exacerbación de los defectos
del otro; es la ridiculización ramplona del diferente: del pobre, del negro,
del marica, del costeño, de las mujeres. Pero también del rico, del político,
de la reina (sea la monarca de la Mancomunidad de Naciones o sea la de un
concurso de belleza). El humor es irrespetuoso y en ocasiones violento. Esto lo
pueden ratificar personajes tan disimiles como el presidente Duque, la Yuranis,
Epa Colombia o el Polo Polo.
Como correlato a esta andanada burlesca que rueda principalmente
por las redes sociales, se erigen como policías de la moral las fuerzas de la corrección:
los mismos creadores del lenguaje incluyente, los detectores de las micro-agresiones.
La reacción. El “ese chiste no me parece gracioso”, el “eso es misógino”, o el famoso
“ese chiste estigmatiza”. Como les dije, yo creía que efectivamente ese era el
efecto del humor incorrecto en la sociedad. Pero ¿de verdad el humor que se
burla de los excluidos robustece la estructura social que sostiene la exclusión?
¿Será cierto, como siempre se ha pensado, que los chistes machistas fortalecen
el patriarcado? Si es así, entonces ¿con humor podemos atentar contra esas
mismas estructuras? ¿El humor feminista quebranta al patriarcado? ¿En serio es tan
poderoso el humor?
Mi hipótesis es que el humor incorrecto, paradójicamente, incluye.
Burlarse del negro, de las mujeres o de los homosexuales tiene el efecto
aparente de ser una canallada; pero la razón principal de un chiste, y es el
motivo por el cual produce risas, es que señala al otro, al que es o hace algo
diferente. Lo hace participe del espacio público, lo incluye en la sociedad, lo
vuelve susceptible de ser burlado, por tanto lo vuelve ciudadano. El otro
existe, con su especificidad, con su diferencia: con sus carencias y sus
bondades, con sus dramas y sus prejuicios. Y, en tanto existe en la sociedad,
está expuesto a la burla. Hay, en el humor, además de irrespeto, un ejercicio
poderosamente democrático.
Hace apenas unas décadas, por ejemplo, nadie se burlaba de
las mujeres: eran tan invisibles que ni risa daban. Ahora, cada vez más
ciudadanas, son susceptibles al chiste. La condescendencia dicta que cómo así, que por
qué me burlo de los maricas, que por qué les digo maricas, que mejor les diga
personas en condición de homosexualidad o alguna vaina así. Que hay que ser
incluyentes y respetuosos. Opino, por el contrario, que la creencia de que con respeto
y buen trato se es incluyente es, además de cándida, terriblemente
autocomplaciente.
No he encontrado un argumento que evidencie empíricamente que
el humor fortalezca la exclusión o le haga el juego a las relaciones de subordinación
(y al contrario, no hay evidencia empírica que demuestre que con humor destruiremos
tales estructuras). Es probable que el humor se nutra de la diferencia, que
explote las asimetrías, critique y ridiculice causas sociales justas; pero esto
tiene el efecto beneficioso de exponer la alteridad en su máxima expresión, sea
cual sean los términos. En otras palabras, los chistes alrededor Un violador en
tu camino (canción usada por colectivos feministas para denunciar la violencia de
género), aunque impertinentes, no desempoderan esta lucha, pues la gente no es boba,
la gente se ríe y medianamente entiende el sentido del performance. El humor
incomoda, porque la diversidad incomoda, porque la libertad de expresión incomoda.
Porque la democracia incomoda.
Las estructuras sociales tienen unos entronques y unos
dispositivos que las sostienes y la reproducen y en cuya naturaleza no se encuentra
el humor. Por tanto, el potencial del humor incorrecto está menos en el
acentuamiento de la exclusión que en la dinamización de la diversidad.
Y toda esta carreta pa’ poder reírme con tranquilidad de lo
que sea que me dé risa sin sentirme culpable.
Un negro racista? Eres pionero
ResponderEliminarVuelve a leer. Digo lo contrario: que los negros podemos reirnos de nosotros mismos y de la diferencia porque eso es la democracia.
EliminarEl humor incomoda, porque la diversidad incomoda, porque la libertad de expresión incomoda. Porque la democracia incomoda. Que buena frase compi
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